CONSEJERÍA ADECUADA EN ADOPCIONES

  • Opinión del Lic. Eduardo Díaz –

     Los procesos de adopción implican un trámite que involucra procesos administrativos (ante el Patronato Nacional de la Infancia y el Tribunal Supremo de Elecciones – Registro Civil – ) y también actividades judiciales ante los Tribunales de Justicia a través de los Juzgados de Familia.

     Pero más allá de lo jurídico, estos trámites implican situaciones personales que necesariamente se convierten en elementos a considerar durante el proceso.

      En cuanto a las niñas y los niños a adoptar, hay que considerar que ellos han vivido procesos de desapego de sus familias, y también de agresión en contra de su persona. A una edad tan temprana, estas situaciones generan traumas y trastornos que deben ser analizados por las familias que van a adoptar. Solo el hecho del abandono se convierte en una dura prueba que reta la capacidad de las niñas y los niños para reincorporarse a la sociedad, y desarrollarse felizmente en una familia adoptiva. La agresión acompaña ese proceso de abandono, y se transforma en sentimientos de desconfianza, de miedo y en una baja autoestima. Sumado a ello, hay que tener en cuenta que los procesos de adopción en Costa Rica, son en ocasiones tan largos, que provocan que las niñas y los niños crezcan en albergues en los cuales el concepto de familia y de confianza no puede del todo ser alcanzado.

     Sucede también que los adoptantes no conocen la realidad de los niños y las niñas a ser adoptados y por ello se crean falsas expectativas, que pueden alcanzar el calificativo de “ilusiones”, con respecto al futuro de la familia una vez que el niño o la niña ya es ubicado en su hogar.

     Paralelamente a esa situación de los niños y las niñas, la cual está llena de tristeza, agresión y desilusión, en ocasiones los adoptantes, si no se involucran de manera suficiente en la realidad de los niños a ser adoptados, asimilan los procesos de embarazo de sus familias tales como el té de canastilla, los regalos y preparar el cuarto del niño o la niña, a un proceso de generación de ilusiones y comprometen una gran carga sentimental a estas tareas.

     Y no quiero con ello decir que los adoptantes no pueden llenarse de ilusión a la hora de estar esperando la adopción, pero si conlleva un grado de riesgo que esa ilusión no esté complementada con una conciencia y un estudio relacionado con las situaciones que se pueden enfrentar una vez que la niña y el niño ya estén en el hogar.

     Planteado lo anterior, podemos confrontar estas dos situaciones:

a.- la situación de sufrimiento que han vivido los niños y las niñas, el desarrollo de un sentimiento de desconfianza y la baja autoestima.

b.- la ilusión de los adoptantes, los cuales, si no se preparan para conocer las situaciones de sufrimiento por las que han pasado los niños y las niñas a ser adoptados, pueden desilusionarse y frustrarse durante el proceso de adopción.

      Como se puede concluir al plantear estas dos situaciones, es obvio que las niñas y los niños a ser adoptados no tienen los recursos suficientes a nivel de apoyo psicológico necesario para esta etapa de su vida, bajo las circunstancias que han afectado sus procesos de desarrollo.

     Y a pesar de que los funcionarios del Patronato Nacional de la Infancia se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para apoyar en el proceso psicológico-social a los niños y las niñas, es conocido que la cantidad de niños abandonados supera la cantidad de funcionarios que pueden atender estas necesidades tan importantes.

     En consecuencia, cuando los niños y las niñas son ubicados en su nuevo hogar, puede ser que la preparación de un hermoso dormitorio, o el recibimiento con regalos no sea suficiente para atender las necesidades que se van a ir generando al interactuar los adoptantes con los niños o niñas.

      En este proceso, se reconoce por los profesionales del área que los primeros meses en que el niño o la niña adoptado es colocado en su nuevo hogar (2-3 meses) existe una especie de “luna de miel”, que lleva al menor de edad a mostrar lo mejor de si para considerarse parte de la familia y con derecho a ser amado. Obviamente que antes de la ubicación de un niño o una niña con fines de adopción en su nuevo hogar, los profesionales correspondientes del Patronato Nacional de la Infancia han realizado esfuerzos suficientes para preparar de la mejor manera a las niñas y los niños.

     Pero luego de esta etapa, el menor de edad adoptado empieza un proceso de prueba, que involucra su necesidad de reafirmar su personalidad e iniciar el desarrollo y la reconstrucción de su autoestima.

     El proceso de los padres ya lleva para este momento un año o más, mientras que el proceso del menor institucionalizado puede estar iniciando, en el sentido de prepararlo para adaptarse a las necesidades de su familia.

     Es por ello que es importante que los padres se preparen, y que no abandonen ese proceso de conocimiento de la realidad de los niños o niñas a ser adoptados, ya que la exigencia de la crianza cambiará sus vidas de un día al otro.

     Más aún, cuando la niña o el niño a adoptar es mayor a cinco años de edad. Y hay que tener en cuenta que la adopción de niños menores de esa edad, debido a lo largo de los procesos de preparación psicológica de los niños, y de los procesos administrativos y judiciales involucrados, tiene como consecuencia que sea poco probable que existan opciones para la gran cantidad de familias que quieren adoptar, de encontrar en adopción niños menores de cinco años.

     El objetivo de este breve ensayo es motivar a los adoptantes a buscar fuentes informativas o apoyo de personas que han estado involucradas en procesos adoptivos, o bien información en el Patronato Nacional de la Infancia para enfocar de una manera real la situación de la adopción y evitar procesos de frustración en los cuales, en ocasiones, la persona (s) adoptante llega a sentir que la única opción que se vislumbra para ellos es renunciar al proceso de adopción y solicitar al Patronato Nacional de la Infancia que se lleve al menor de edad de su casa. Con una educación sobre el tema profunda y consciente se puede evitar este doloroso extremo, el cual marcará la vida tanto de los menores como de las familias adoptantes.

    Aristalegal consciente de la necesidad de comprender el proceso de adopción más allá de los temas legales, cuenta con una consejería que busca acompañar a las familias en el proceso de adopción como una realidad jurídica, pero también como una realidad que involucra a personas con ilusiones y con sentimientos nobles hacia los niños y las niñas. Si desea nuestra consejería no dude en contactarnos.

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